Lo divino y lo humano: una oportunidad para el reconocimiento

P3 - Comprender la Divinidad

Desde lo más profundo de mi ser y luego de pensarlo por muchísimo tiempo, he encontrado una verdad inmutable y es que somos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos, bien sea que lo consideremos una fuerza que habita el universo y que conecta a todos los seres, sin importar que sea una partícula minúscula y llegando hasta la galaxia más grande y distante; pero también es evidente que con frecuencia, usamos esta “conexión divina” para escapar de nuestras responsabilidades.

Alguna vez escuché que “dios ayuda a quienes se ayudan” y me costó mucho comprenderlo con claridad, pero hoy entiendo que se trata de una invitación a modo de recordatorio, que nos dice que debemos hacer primero para poder esperar algo a cambio y sobre todo que esa divinidad es algo más que una excusa para evadir nuestras responsabilidades.

El Tercer Principio Filosófico Shaolin, “Comprender que la divinidad no se le usa como una excusa para evadir nuestra responsabilidad y explotar a los hombres, ni utilizarlo como un medio para evadir un deber” nos permite reflexionar sobre la idea de entender que la existencia de una fuerza creadora es más que una excusa que podemos usar a nuestro antojo para justificar que hicimos o dejamos de hacer, al contrario, es un llamado a la acción para vivir una vida con plenitud, llena de significado y de momentos valiosos.

El entrenamiento de Shaolin Kung Fu me ha enseñado que la fuerza verdadera está en nuestro espíritu, que la fuerza de voluntad está llena de compasión y sabiduría y que todo esto crea una fuerza interior que nos permite conectarnos con aquello que consideramos divino, que más allá de estar en un altar o en el infinito, está dentro de nosotros.

Cada día debo esforzarme para vivir de acuerdo con este principio, entendiendo que hay todavía un largo camino por recorrer, pero con el compromiso firme de crecer todos los días, de aprender y evolucionar constantemente, porque cuando lo hago me beneficio a mi mismo, pero por sobre todas las cosas, estoy beneficiando a quienes me rodean y los estoy llenando de todo lo que considero divino, esta es la verdadera divinidad que yace en nuestro interior.